Una es madre desde el primer instante y para toda la vida. Por lo tanto, es importante que durante nueve meses te portés bien y te preocupés por tu salud. En esta nota, te contamos todo lo que tenés que hacer para cuidarte y garantizar tu propio bienestar y el de tu bebé.
Controles médicos
Es recomendable iniciar con los chequeos médicos apenas tengas confirmada la feliz noticia de que estás embarazada. En cada visita con un profesional, tenés la oportunidad de disipar cualquier tipo de duda, por más tonta que te parezca. Tu médico está para eso. ¡Aprovechalo y sentite bien segura!
La etapa en la que tu bebé está más indefenso es durante los primeros meses del embarazo. Es recomendable que no hagas viajes largos ni utilices caminos muy irregulares. Tampoco es bueno que hagas actividades físicas que requieran un gran esfuerzo. Las vacunas que debés colocarte durante la gestación protegerán a tu bebé de numerosas enfermedades. Las recomendadas son la vacuna antitetánica, la antidiftérica y la vacuna antigripal, especialmente si está previsto que tu bebé nazca en invierno. No es conveniente que te coloques ninguna otra vacuna; en caso de duda, consultá con tu obstetra. Es muy difícil que un medicamento no afecte a tu bebé en la panza, por lo que es importante mantenerte sana. A partir de los 7 meses, debés evitar especialmente los resfríos o gripes porque una buena respiración es muy importante en el momento del parto. Si tenés que utilizar algún remedio, primero consultá con tu médico si lo podés consumir.
Alimentación
La mejor manera de mantenerte sana vos y tu bebé es con una alimentación saludable. Es fundamental que en esta etapa consumas grandes cantidades de ácido fólico, calcio y hierro.
Durante el embarazo es probable que tiendas a retener líquidos. Una forma de deshinchar tus piernas y tobillos es recostándote y poniéndolas en alto, ya sea apoyadas sobre un almohadón o en la pared. Esto mejora la circulación, haciéndolas sentir más descansadas.
Para un embarazo y un bebé saludable, debés evitar el consumo de alcohol, tabaco o cafeína. Estas sustancias son muy peligrosas para tu bebé.
Es muy importante que tengas en cuenta la variedad y la calidad de lo que comés. La gran mayoría de las vitaminas, nutrientes y minerales que necesitás para estar bien están en las comidas que se consumen habitualmente. Mientras más varíes tus alimentos más nutrientes adquirís: asegurate de ingerir las porciones adecuadas de cada grupo alimenticio (cereales, frutas, verduras, lácteos, carnes, etc.).
Desde el comienzo de tu embarazo, tu cuerpo necesita más proteínas. Estas sustancias participan en la formación de huesos, músculos, piel y otros órganos vitales, por lo que es recomendable que comas más alimentos ricos en ellas como lácteos, legumbres, frutos secos, carnes magras y pescados.
Los carbohidratos son tu principal fuente de energía. Te van a ayudar a cubrir las calorías extras que necesitás para enfrentar las nuevas exigencias físicas del embarazo. Podés encontrarlos en el pan, las pastas, los cereales y las harinas. Sin embargo, tenés que cuidarte de no comerlos en exceso porque pueden producir una mayor concentración de azúcar en tu sangre y en la de tu bebé, exponiéndolos a la diabetes.
Es importante que ingieras vitaminas y minerales como el hierro, el ácido fólico y el calcio. Una dieta rica en calcio, consumiendo muchos lácteos, contribuye a evitar los calambres: un vaso de yogurt o leche antes de acostarte ayudará a que descanses mejor. Las fibras son también importantes para contrarrestar la constipación producida generalmente en el embarazo. Es posible que tu médico te recete algún suplemento para reforzar estos elementos.
Tomá mucha agua (entre 8 y 10 vasos al día) porque te ayuda a eliminar muchas toxinas y tratá de disminuir tu consumo de sal porque aumenta la retención de líquidos produciéndote hinchazón. Preferí las comidas más naturales a los alimentos enlatados o procesados porque estos últimos tienen mayor riesgo de producir intoxicaciones.
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