Nota Huggies / Embarazo

El test de embarazo

Desde el inicio de los tiempos, la ciencia y los métodos caseros han intentado dar respuesta a la pregunta existencial: “¿estoy o no estoy?”. En esta nota te contamos cuál fue la evolución de este genial invento.

Por Anabella Barajas

La mayoría de nosotras nos hemos hecho alguna vez un test casero de embarazo. Pudimos seleccionar en la farmacia entre más de diez marcas y realizarlo desde un día antes de la fecha estimada de menstruación. Sólo tuvimos que esperar entre tres y diez minutos y confiar en una efectividad de entre el 97 y 99 por ciento para dar respuesta a nuestra gran inquietud.

Los test de embarazo, incluso los de sangre, persiguen la misma pista: la existencia de la hormona GCH (Gonadotropina Coriónica Humana o hCG, por sus siglas en inglés), que sólo se genera cuando la mujer está embarazada, produciéndola primero el embrión y luego la placenta.

El incremento de la concentración de dicha hormona en los días sucesivos a la fecundación se convierte en el indicador por excelencia del embarazo. Los test caseros de embarazo que tenemos al alcance de nuestra mano, por lo general, se basan en una tecnología de tiras reactivas, que emplean anticuerpos monoclonales para identificar selectivamente la hormona.

Ahora bien, nuestra ceremonia de la prueba de embarazo, por más que nos parezca eterna y que toda nuestra vida se nos viene a la mente en mil imágenes, es verdaderamente muy corta. Sin embargo, no siempre fue así. La historia de cómo saber si la mujer estaba embarazada data de mucho tiempo.

Hace 40 años atrás, el primer test casero de embarazo demandaba dos horas de espera para saber el resultado y nueve días de atraso para realizarlo. En un tubo de ensayo se mezclaba orina con agua destilada, y finalmente se añadía un reactivo.

La tecnología monoclonal y la del tubo de ensayo tienen su fundamento científico en el descubrimiento de esta hormona hCG antes citada, allá por el año 1930, por parte del canadiense James B. Collip. Este descubrimiento no sólo fue el antecedente de todos los test de embarazo, sino también la justificación de tantos años de búsqueda científica y de sabiduría popular previas.

Y, en paralelo, las mujeres empleaban sus propias técnicas “hechas en casa”, aquellas que recomendaban las abuelas, como poner la orina al sol esperando un cambio en su color o poner dos gotas de aceite para saber si se unían, entre otros.

En definitiva, nuestra ansiedad debe rendir homenaje no sólo a las tecnologías actuales, que nos brindan toda la comodidad, privacidad y efectividad a la hora de saber si seremos madres, sino también a tantos años de búsqueda y experiencia.

En la actualidad los tests de embarazo que se compran en farmacias y supermercados son muy efectivos, pero no hay nada más efectivo que el análisis realizado en clínicas y hospitales en el que, mediante una sustracción de sangre, se detecta la presencia de la hormona Gonadotropina Coriónica que sólo sintetizan las mujeres embarazadas.

No hay muchas situaciones que igualen la ansiedad, la adrenalina y las ganas de saber cuanto antes un resultado, sobre todo si estás intentando quedar embarazada. Lo mejor para esos momentos es respirar hondo ¡y estar lo más tranquila posible!

Contanos: ¿cómo fue tu experiencia con los tests de embarazo?

Profesional Consultado: Dr. Rodolfo León. Médico Obstetra MN 74738

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