Nota Huggies / Somos papás
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De pronto se hicieron más frecuentes los “berrinches” y nuestro hijo no puede parar de ¡pedir de todo! ¿Cómo lo manejamos?
Por Verónica Neves
Y allí está nuestro niño: pidiendo cuanto juguete se le cruce por la cabeza, sin obedecernos en las rutinas cotidianas, gritando desaforadamente ante todos los “NO”, pataleando, haciendo escenas. ¿Qué sucedió? Muchos nos dicen que es normal que esto pase, pero no sabemos si es así realmente o si tratan de tranquilizarnos. ¿Cómo podemos saber si nuestro hijo es caprichoso o si solo son reacciones propias de su edad? Y si esto se sostiene mucho tiempo más, ¿tendremos que consultar con un profesional?
Lo cierto es que no se sabemos bien qué hacer ante esta nueva situación. Lo primero, como casi siempre, es tratar de ocuparnos sin preocuparnos. Es muy común que los chicos tengan esta “ruidosa” forma de hacerse oír o de poner a prueba la autoridad de los papás. Desde allí nos desafían como hijos, y nosotros seguimos aprendiendo a ser padres.
Para empezar hay que tener en cuenta que, ya desde que nacen, nuestros hijos nos necesitan para todo, lógicamente. Pero claro, las necesidades son necesidades y no demandas, como las que ahora experimentamos. A medida que van creciendo, comienzan a desafiar la autoridad y a probar hasta dónde pueden llegar con el capricho. Piden lo que tiene el amigo, lo que vieron en la tele, no se quieren bañar cuando hay que hacerlo, se niegan a comer en la mesa… en fin, todo es rebelión.
¿Cuándo suelen aparecer los primeros caprichos?
En la mayoría de los casos, los “caprichos” se dan a partir de los dos años. La cuestión es que para esta edad, más o menos, los peques empiezan a “mirar para el costado” y a querer tener las cosas que tiene su amiguito, por ejemplo, y nosotras sentimos que casi se obsesionan con esos pedidos, y allí es cuando son comunes los estallidos de furia y la ira cuando no obtienen lo que piden rápidamente.
Pero ¿cuánto es “demasiado”? Es algo difícil de resolver y lo irá descubriendo cada familia en particular, ya que ningún niño y ninguna crianza es igual a otra.
¿Es “normal” que aparezcan?
Es bueno aclarar que los caprichos son, de alguna manera, su forma de reaccionar frente a la frustración. En esta edad es cuando comienza a crecer la socialización, y con ella aparecen las comparaciones. Por lo tanto es normal, y hasta saludable, que aparezcan los caprichos.
Los profesionales afirman que todos éstos son signos de crecimiento: del querer ser autónomos y separarse de la dependencia materna. Es por eso que quieren “mandar“ y se oponen a todo, porque es su manera de decir “acá estoy yo, ¡y ya empiezo a tener mis propias decisiones!”.
A lo que sí debemos estar atentos es a intentar evitar que estas conductas se mantengan con el tiempo y se conviertan en la forma habitual de conseguir lo que quieren.
Si esto sucede, o los caprichos se acrecientan, no ceden, o se vuelven más violentos, quizás sea momento de consultar a un profesional que nos ayude a descifrar si no nos estará queriendo decir algo más en estas “escenas”. Es muy posible que exista de fondo la necesidad de atención y contención.
Pero la mayoría de las veces sucede que, poniendo en palabras sus necesidades, hablándoles con cariño y explicándoles que a veces no se puede conseguir tooodoooo, esta etapa se supera sin problemas.
¿Cómo calmarlos en medio de un berrinche?
A corto plazo, los especialistas aconsejan que para calmar a un chico caprichoso es conveniente no hacerle reproches ni gritarle en el momento de su bronca, porque de esta forma nos pondríamos a su mismo nivel y esto solo lo enfurecerá más aún.
Muchas veces, frente a estas conductas, podemos proponerle alguna actividad paralela, totalmente distinta a la que ha provocado el capricho, y luego, más calmos, retomar el tema.
También es fundamental que los padres se pongan de acuerdo en la forma de actuar. Y lo que es súper importante es reconocerle y hacerle saber cuando su conducta con respecto a la manera de pedir algo ha mejorado, dejándole sentir el orgullo que sentimos por él.
Es bueno tener siempre presente, aunque no sea tarea fácil, que ceder antes sus exigencias puede ser muy tentador, superados por el cansancio y a veces los sentimientos de culpa. Pero siempre es útil no perder de vista que aprender a decir que “no” es enseñarles que no todo se puede conseguir con pedirlo y mucho menos haciéndolo de forma caprichosa. Decir “no” con seguridad les da seguridad también a ellos: ellos necesitan que les vayan marcando el camino. Primero los enojará, pero luego les dará tranquilidad y los ayudará a ir construyendo una visión más real del mundo en el que viven.
Aún así, cuando todas estas situaciones nos desborden y nos hagan angustiar, siempre se puede recurrir a un profesional que nos oriente y nos ayude a pensar nuevas formas de actuar ante situaciones inesperadas.
Contanos: ¿qué estrategias implementás frente a los caprichos de tu hijo o hija?
Especialista consultada: Lic. Ana Del Grosso, psicóloga, MAT.NAC. Nº 15.844
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Excelente nota ! La respuesta que estaba buscando a ésta etapa tan dificil de los nenes. Gracias !
Eugenia