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Los beneficios del paseo diario

Luego de los primeros días del bebé en tu casa, es bueno que le incorpores (y se incorporen mutuamente) una pequeña rutina de paseo. Te contamos por qué.

Por Anabella Barajas

Caminar, pasear, estar afuera… siempre nos distiende salir a tomar aire y cambiar de escenario. Y a tu bebé le pasa lo mismo. Aunque sientas que aún es muy chiquito y, siempre y cuando su pediatra no lo contraindique, pasear diariamente con tu bebé le traerá muchos beneficios:

En primer lugar, el contacto con el mundo exterior, con la naturaleza y con el clima le ayudará a desarrollar su sistema inmunológico. Es probable que aún te de cierta inseguridad por verlo tan indefenso, pero debemos tener en cuenta que el contacto con pequeños gérmenes y microbios no tan peligrosos colabora a que su cuerpito genere los anticuerpos necesarios contra éstos.

Por otro lado, los estímulos que el bebé recibe en diferentes ambientes favorecen su desarrollo cognitivo. El bebé utiliza todos sus sentidos para establecer puentes con el mundo exterior. El aire, los ruidos y los distintos entornos le ayudarán a un reconocimiento cada vez mayor de la información que provenga del mundo.

Además, el paseo diario lo tranquiliza. Quizás te prepares un largo tiempo para la salida y apenas se asomen a la calle, tu bebé se duerma más profundamente que en tu casa. Pero esto no debe frustrarte. Al contrario. El balanceo del cochecito o el de tu andar, si está en la mochila portabebé, le permitirá relajarse. Y esto te traerá un beneficio extra: ir ordenándole cada vez más la rutina de la teta.

Al mismo tiempo, los rayos ultravioletas del sol aportan vitamina D. La absorción de esta vitamina es altamente necesaria en los niños ya que sin ella los huesos no calcifican en forma adecuada. En este punto debemos tener en cuenta que no se recomienda que el bebé se exponga directamente al sol. Pero su luz no puede perjudicarlo.

Con todo esto, te brindamos algunos consejitos para tener en cuenta a la hora de emprender el paseo:

Que haga frío o calor no constituyen en sí mismos un impedimento para salir. Sin embargo en verano es aconsejable salir a la mañana o cuando comience a bajar el sol. Si el bebé ya puede ingerir agua, una pequeña mamaderita para que se hidrate no está de más. En cambio, en invierno, la mejor temperatura para el paseo la encontramos al mediodía. De todas formas, sería conveniente que lleves una manta. En todos los casos, recordá que el bebé debe ir tan abrigado como vos, ni más ni menos. Pasear con demasiada ropa puede producirle un exceso de sudor que, una vez frío, puede ocasionarle un resfrío.

Al principio, unas vueltitas por el barrio o el recorrido que impliquen tus compras serán suficientes. Pero a medida que adquieras seguridad en los paseos y una rutina más ordenada, los paseos podrán ir aumentando en cantidad y duración. En este caso, sería bueno que lleves otra muda de ropa, una mamadera y el protector para la lluvia. Cuanto más largo sea el paseo, más cosas debés prever: “por si” se mancha, “por si” tiene frío, “por si” tiene hambre, etc.

Cuando el bebé es muy pequeño, lo mejor es que pasee de forma en que vos puedas mirarlo para ir percibiendo cómo está. Luego de los primeros meses, el bebé solito querrá sentarse e incorporarse para ver todo lo que sucede a su alrededor.

Finalmente, no debemos pasar por alto un beneficio más: el tuyo. Los primeros meses del bebé hacen que la mayor parte del tiempo estés dentro de casa. Salir a caminar y ver otras cosas te permitirá distraerte, relajarte y tomar fuerzas para el resto del día. Constituye además un ejercicio sano que favorecerá tu recuperación luego del parto. Por eso, si te hace bien a vos, mejor le hará a tu bebé.

Y vos ¿salís a pasear con tu bebé? ¡Contanos tu experiencia!

Profesional consultado: Dr. Adrián Gindín - Médico pediatra (M.N. 84232)

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