Nota Huggies / Somos papás
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Un nuevo tiempo renueva sus vidas y sus roles. En esta nota, una reflexión sobre cómo nuestros hijos imprimen un nuevo color en la imagen de nuestros padres.
Por Anabella Barajas
Hace varios años escuché por ahí una frase que me llamó la atención. Era algo parecido a que los abuelos miman más a sus nietos que a sus hijos. Recuerdo haberme quedado pensando en el tema. Por entonces yo no era mamá, pero aún así, pensaba que los hijos eran los consentidos y mimados de sus padres primero y luego de sus abuelos. Luego cuando me convertí en mamá me di cuenta de que esa frase era una frase común y bastante real.
La llegada del bebé irrumpe en toda la estructura familiar, no sólo en el círculo más íntimo. Los que tenemos la fortuna de tener a nuestros padres con nosotros, tenemos también un segundo regalo, y es el de verlos convertidos en abuelos, ver cómo pueden ubicarse en otro rol, ponerse una camiseta nueva, que por suerte, les queda bien.
Algunos más y otros menos, muchos abuelos acomodan sus horarios y sus salidas para estar con ellos. Suelen ser de enorme ayuda en nuestros desbordes y nuestros escasos tiempos. Aconsejan, y aunque algunas de sus lecciones pueden ayudar más o menos, perturbarnos o ponernos más ansiosos, lo cierto es que alguna entidad le adjudicamos, ya sea porque ellos también son padres, ya sea porque sabemos que lo hacen con amor a sus hijos y a sus nietos.
Ellos, como abuelos, sacan su parte más tierna. Liberados de la parte “más dura” de la crianza, de las responsabilidad del día a día, tienen la disponibilidad, las ganas y el tiempo de regalarles un “día de juegos”, 24 horas para ponerse de igual a igual y desentenderse del mundo real para crearles un mundo fantástico, lleno de magia, color y sabor. Los vemos más relajados y desprejuiciados, levemente diferentes a aquellas imágenes de nuestra infancia en las cuales, aunque fueran padres lúdicos y divertidos, no lo eran tanto como lo son con nuestros hijos, quizás por la rutina, quizás por el cansancio, quizás por la preocupación por los límites.
Por este motivo, nuestros padres se convierten en la mejor salida de sus nietos. Seguramente, los esperarán con la mejor comida, el postre más deseado, la sorpresa más esperada, acaso no desde el punto de vista de la sana nutrición pero sí desde los ojos de nuestros hijos. Es para ellos la “pijamada ideal”, y si aún sentimos algo de culpa de dejarlos, recordemos a nuestros abuelos, lo bien que nos sentíamos siendo nietos.
“¿Son las mismas personas que nos criaron?”
Si retamos a nuestros hijos, ellos los justifican. Si tratamos de ponernos firmes, ellos se apenan. Luchamos para que esas contradicciones no se noten “en cámara” pero al final nos preguntamos: ¿son las mismas personas que nos criaron?
Los vemos convertirse en grandes animadores y payasos. Los vemos menos exigentes y más permisivos que lo que fueron con nosotros. Los vemos más parecidos a nuestros abuelos, con aquella ternura y complicidad. Son las mismas personas, pero no. Son las mismas personas con otra edad, otro tiempo, otra disponibilidad. Por ello, la cuestión de ser abuelos no tiene que ver con mimar más o menos a los hijos o a los nietos, sino con la posibilidad de tener otro rol. Un rol que renueva y que rejuvenece, y sobre todo, que a nuestros hijos les encanta.
¿Cómo ves a tus padres, ahora que son abuelos? ¡Compartí tu experiencia!
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