Nota Huggies / Somos papás
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Nuestros hijos empiezan a bombardearnos con preguntas. Y muchas veces no sabemos hasta dónde responder o cómo hacerlo. No queremos mentirles pero tampoco defraudarlos. ¿Cómo hacemos?
Por Verónica Neves
Y llegó el día en que empezaron las preguntas. Sí, esas a las que tanto miedo les teníamos y resulta que, aunque sabíamos que en algún momento iban a aparecer, y hasta creíamos estar preparados para ese momento, e incluso habíamos ensayado respuestas… la mente se nos pone en blanco ¡y no sabemos qué responder! Y junto a SUS preguntas, aparecen las nuestras.
Sabemos que tenemos que contarles la verdad ¿pero siempre? ¿Hasta dónde están ellos preparados para “saberlo todo”? ¿Conviene responder de más o de menos? ¿Quedarán con más dudas que antes? De lo que estamos seguros es de que queremos que confíen siempre en sus papás, pero a veces nos llenamos de dudas junto con ellos.
Nos pasa a todos. Primer requisito: no desesperar.
Lo cierto es que alrededor de los 2 años, cuando empiezan a balbucear su primeras palabras, seguramente una de las primeras frases que van a ensayar es la del POR QUÉ, y de allí en más… todo, o casi, lo querrán saber. Y con detalles, si es posible.
Respuestas claras a preguntas difíciles
Puede decirse que el GRAN tema, el que más dudas genera y casi el preferido entre las primeras inquietudes entre los más chiquitos, está vinculado con la sexualidad y el embarazo. Muchas veces coincide con que en el propio hogar se está esperando un hermanito o se vivencia un embarazo o nacimiento cercano, pero no siempre.
Y en el caso de las primeras preguntas acerca de la sexualidad, la mayoría de las veces surgen a partir de la percepción de las primeras diferencias nena/varón. Aquí es cuando suelen aparecer las preguntas acerca de los genitales, de la “forma de ir al baño”… todo es un misterio, y ellos querrán develarlo.
En primera instancia, debemos tener en cuenta que cualquiera sea la manera que elijamos responder, debe ser siempre con la verdad. Nosotros, los papás, somos quienes hacemos de primer puente entre nuestros hijos y el mundo exterior, y ellos perciben cuando estamos siendo sinceros, y esa sensación les brinda seguridad.
Es bueno estar atentos también a qué es exactamente lo que se nos está preguntando y, si es necesario, reformularles la pregunta con nuestras propias palabras; así, por ejemplo, si nuestro hijo nos pregunta “cómo se hacen los bebés”, a lo mejor no sea momento de hablar sobre relaciones sexuales o genitalidad porque todavía no esté a tiempo de asimilar semejante explicación, o incluso no sea lo que nos está preguntando. Así, con palabras claras, hablando del amor, sin metáforas pasadas de moda o simplemente aclarándoles con cariño que “hay cosas que va a ir entendiendo más adelante”, tal vez sea para él suficiente.
A veces nos embrollamos demasiado y los chicos no necesitan más que una pauta sin tanto detalle. También alivia saber que cuando nos agarran de sorpresa con alguna pregunta inesperada y realmente no sabemos qué contestarle ni cómo hacerlo, ni hasta dónde aclarar, también es válido pedirles que nos dejen pensarlo…. Y antes de dar una respuesta que no nos complace, a veces conviene cerciorarnos de dónde viene exactamente su inquietud, e incluso podemos pedir ayuda profesional o charlar con nuestra pareja u otras personas sobre cómo abordar el tema si nos resulta demasiado complicado o confuso hacerlo solos.
Las “mentiras piadosas”
Otro tema muy común es el corte que se da en los chicos cuando empiezan a replantearse o a dudar acerca de esas hermosas mentiritas piadosas que la mayoría de los papás elegimos para perpetuar la fantasía y verlos felices y asombrados. Hablamos de Papá Noel, de los Reyes Magos, del Ratón Pérez… llega también ese momento donde el pensamiento mágico empieza a no cerrarles del todo y que se da más que nada o más rápidamente entre chicos que van al jardín o tienen contacto con otros nenes de edades similares. Entonces, llega el momento de la verdad.
En este punto los especialistas aconsejan que no es bueno “estirar” esa fantasía porque, si elegimos ese camino, el pequeño puede creer que lo estamos subestimando o que le estamos mintiendo. Lo mejor en estos casos es contarles con dulzura que era una hermosa fantasía y que como él o ella “ya es grande”, nos descubrió, pero que fue muy lindo verlo sorprenderse tantos años. Podemos incluso contarles historias de cuando nosotros éramos chicos y sus abuelos nos llenaban de ilusiones a nosotros. Y eso los va a hacer sentirse hasta más orgullosos de sí mismos, se sentirán “grandes”, aunque nosotros sintamos que el pichón creció y aparezca el nudo en la garganta. Porque de hecho, lo hizo, creció, y feliz, que es lo más importante.
La muerte, el eterno enigma
Un tópico siempre difícil de tratar (imaginen cuánto, si es complejo para los “grandes”) es el tema de la muerte. Puede suceder que haya ocurrido una muerte cercana o no, lo cierto es que es casi una pregunta ineludible.
Más allá de la respuesta que elijamos brindarle (por ejemplo, religiosa, práctica, etc.) es importante que les quede bien en claro que ese ser querido (un abuelo, por ejemplo, que “se fue al cielo”, una de las respuestas más usadas) no va a volver. Aunque nos parta el alma o suene crudo, es imprescindible que no se generen falsas expectativas alrededor de este tema tan delicado.
También es importante dejarle por ejemplo en claro que puede hablar de eso cuando quiera, que es normal que esté triste, que extrañe, que tenga ganas de llorar y que es bueno que lo haga. Y siempre acompañar la escena con muchísima contención.
El diálogo, siempre
Es bueno aclarar que mucho antes de que empiecen las preguntas, la comunicación entre padres e hijos ya ha comenzado, incluso antes mismo de que ellos comiencen a balbucear sus primeras palabras. Es bueno y sumamente necesario que la palabra tome un lugar importante en la vida cotidiana desde los primeros meses de vida de nuestro bebé.
Así, por ejemplo, es muy recomendable anticiparles a los chicos las acciones que van a realizarse. Por ejemplo, no dar por sentado que ellos saben que vamos a ir a buscarlos al jardín, decirles que después de que termine ese dibujito que tanto les gusta se viene el baño y después la comida…. Es importante tomar esa costumbre, porque “saber lo que va a pasar después” los ayuda a organizar su mundo, su cotidianidad, y esto los tranquiliza y les da seguridad.
Y quedarnos bien tranquilos, porque el hecho de que aparezcan estas preguntas es señal de que nuestro hijo está descubriendo el mundo, interesándose en conocer y saber. Entonces, desde todos los lugares que lo miremos, es una buena señal de que nuestro hijo está creciendo. Y aunque en un principio nos pueda dar cierta nostalgia, crecer implica dejar atrás etapas para abrir otras puertas, seguramente con nuevos e interesantes desafíos. Y por supuesto nosotros ahí estaremos, acompañándolos, siempre.
Tu hijo o hija, ¿te sorprendió con alguna pregunta? ¡Contános cómo lo resolviste!
Especialista consultada: Lic. Patricia Silvina Baum, Psicóloga Clínica, M.N. 22.145
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